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reflexiones sobre administración pública inteligente

lunes, 17 de noviembre de 2008

Una sanidad que invita a reflexionar


El debate sobre la Sanidad que ha comenzado Alorza a través de una sucesión de posts, grupo de Facebook, plataforma de 1001 ideas, etc. coincide en el tiempo con la cena que el próximo miércoles 19 de noviembre organizamos el Club Dirección Pública de ESADE en Madrid con el Consejero de Sanidad de la CAM, Juan José Güemes. Esta coincidencia me viene de lujo porque parte de las cuestiones de este debate las iré trasladando (en la medida de lo posible) al coloquio que vamos a tener con el máximo responsable político de la Sanidad madrileña.

Aclaro que no soy un profesional de la materia; ni siquiera he tenido como Alorza experiencias próximas a este sector tan complejo. Lo matizo por si digo cualquier cosa que pueda ser calificada de "poco rigurosa" o algo por el estilo.

Todos estaremos de acuerdo en que sanidad y educación son (quizá junto a la justicia) los dos servicios públicos más importante de los que una sociedad ha de dotarse. En ocasiones, nos olvidamos de algo que por ser evidente no es menos transcendental: la Sanidad es en su esencia una actividad de componente humano cuyo objetivo es cuidar de las personas , a través de dotar los medios necesarios para prevenir enfermedades o tratar personas enfermas. Hablamos de salvar vidas o dotar de una mínima calidad de vida a los enfermos. Esta idea hace que la Sanidad sea el servicio público por excelencia, muy diferente de otros servicios públicos como puedan ser la gestión del tráfico o correos.

Por ello todos los ciudadanos queremos tener una buena Sanidad y que pública, universal y gratuita. Que sea la mejor porque en cualquier momento necesitaremos ser atendidos y deseamos sea en las mejores condiciones. Y porque una sociedad saludable es una sociedad productiva, capaz de crear riqueza y lograr altas pautas de desarrollo humano.

Primera reflexión - El modelo ideal (creo) no existe

¿Qué ocurre cuando la Sanidad que queremos cada vez es más costosa (por motivos diversos) y por otra parte nos molesta sobremanera pagar impuestos? Entonces empieza a cuestionarse el modelo: ¿hay que aportar más o hay que gestionar mejor? ¿tiene fallos el sistema? ¿cómo lo podemos mejorar? Aparecen nuevos paradigmas y se apuesta por incluir a la iniciativa privada, tanto en la producción de infraestructuras, como en la gestión de servicios de apoyo o, incluso, en la propia prestación del servicio de atención sanitaria. ¿Es una confabulación para convertir la sanidad en un negocio? No lo sé, yo no me atrevería llegar tan lejos, aunque sí reconozca que para muchos han aparecido negocios nuevos y muy suculentos. Sin embargo sí tengo claras dos cosas (y no creo descubrir nada nuevo):
  • Que la titularidad ha de ser siempre pública y tiene que ser la Administración la que supervise, controle y, en última instancia, se responsabilice de la calidad en la prestación del servicio.

  • Que hay que hacer algo para que el modelo sea sostenible, asumiendo que cada vez se requieren muchos más recursos y los ciudadanos llegan a un punto de "hartazgo impositivo".

¿Es la incorporación de la iniciativa privada una solución o un ataque al modelo? Pienso que ni una cosa ni otra:

  • Una solución no, porque habrá que tener mucho cuidado en que un servicio de naturaleza humana (como decía anteriormente) no acabe convirtiéndose en una relación mercantil. En ese sentido habría partes esenciales de la prestación sanitaria que seguramente se deberían mantener bajo gestión pública directa y otras más accesorias sí pudieran ponerse en manos de la iniciativa privada.

  • Un ataque al modelo tampoco, al menos mientras nadie se plantee la privatización real de la sanidad, es decir, que el Estado no deje propietario y garante del servicio como ocurre en Estados Unidos. Y eso no está ocurriendo (que yo sepa) en ninguna parte, ni en Madrid.

Dicho lo anterior no sé si alguien puede ofrecer la solución ideal. Seguramente sea un mix de diferentes modelos con una titularidad pública indiscutible y campos de gestión pública directa y otros con participación de iniciativa privada. Lo que también tengo claro es que debería ser un modelo acordado por todos los actores implicados: poderes públicos, profesionales, empresas, ciudadanos.

Segunda reflexión - La gestión y las dificultades de las burocracias profesionales

Teniendo en cuenta que cada vez hay que hacer más cosas con unos recursos limitados hay que hacer un especial énfasis en el capítulo de gestión: hacer más con lo mismo.

Sin perder de vista que gestionar sanidad no es gestionar una fábrica de montaje; pero sin olvidar, que gestionar sanidad no es aplicar el ejercicio profesional. Lo digo por el peligro y las dificultades que entraña el ejercicio del poder por los profesionales en este tipo de organizaciones. Considero que es necesaria una técnica específica de gestión sanitaria, distinta de la gestión empresarial (aunque pueda tomar alguna de sus recetas "adaptadas"), separada del ejercicio profesional y ejercida por personas con amplios conocimientos sanitarios (lo más natural es que sean médicos-gestores). Esto no siempre es comprendido por los profesionales médicos: de ahí el conflicto gerente-médico o el llamado "poder de los jefes de servicios".


Tercera reflexión - El ciudadano-usuario-paciente
Voy a ser un poco crítico con una visión excesivamente sesgada hacia el paciente: desde posiciones liberales se habla de la libertad del paciente, de dotarle de la máxima libertad de elección, de su capacidad para participar en el proceso de decisiones médicas, etc.

Respecto a la libertad de elección, está bien sobre el papel. Otra cosa es la realidad. ¿Todo el mundo tiene realmente posibilidades de elegir? Si fuera así, ninguna objeción. Pero, ¿es esa la realidad? No estoy tan seguro. En este caso estaríamos induciendo desigualdades en el sistema.

¿Tiene realmente el paciente los conocimientos necesarios para poder participar activamente en un proceso de diagnóstico y atención médica? A mi me da pavor esa costumbre que se está poniendo tan de moda de sustituir al médico por internet o de recabar información a través de este canal e ir a la consulta en plan "sabelotodo". Podemos pasar de la dictadura del médico a la dictadura del paciente y eso tampoco creo que sea muy bueno.

Salvando las anteriores matizaciones hay varios aspectos donde sugeriría profundizar:
  • Un mayor acercamiento médico-paciente.
  • Un trato más humano a los pacientes en toda la cadena sanitaria.
  • Una mayor concienciación cívica sobre el uso de los recursos sanitarios.
  • Un mayor apoyo en asistencia social para sacar de la sanidad a personas que tienen otras necesidades (afectivas, económicas, etc.)
Quinta reflexión - Las TIC aplicadas a la Sanidad: e-sanidad y sanidad 2.0

Según el último informe de la Fundación Orange, España uno de los países europeos que menos gasta en sanidad, es de los que más invierte en e-Salud. Lo hacemos más en los procesos de front office (receta electrónica, historial clínico automatizado, interconexión de bases de datos, cita médica a distancia o telemedicina) que en gestión interna o en equipamiento/automatización de procesos diagnósticos.

Si bien en cuestiones de modelo, gestión o en solventar los problemas de las burocracias profesionales hay dificultades y discreprancias, es alentador que haya este esfuerzo inversor en modernizar nuestra sanidad. ¿Es suficiente? Seguramente no: existen infinitas posibilidades: en las distintas etapas del proceso médico (prevención, diagnóstico, atención), en la puesta en común de información en todos los sistemas sanitarios, en la relación paciente-médico, en la creación de comunidades de pacientes con enfermedades singulares, en la formación continua de los profesionales, en la realización de los distintos trámites burocráticos (internos y externos), etc.

Sexta reflexión - Los profesionales sanitarios

Es una de las cuestiones que más me preocupan. Al fin y al cabo el éxito de un buen modelo sanitario radica en las infraestructuras, el equipamiento y los profesionales. Se habla de incrementar los recursos en este sentido pero ¿es suficiente contratar sin más o habría que revisar en qué condiciones se producen las contrataciones? Me refiero a estabilidad, retribución, adecuación de especialidades.

A ver si alguien me puede contestar las siguientes preguntas: ¿por qué faltan especialistas? ¿No hay suficiente cantera en las universidades españolas? ¿Por qué emigran los licenciados de nuestro país y tenemos que recurrir a los de otros países? ¿Por qué un médico en Reino Unido gana el doble que en España? ¿ Cómo es posible que se estén agotando especialidades tan necesarias como la pediatría?

Reflexión final

El debate está servido. Las discrepancias, sobre todo en los asuntos de fondo, numerosas. La Sanidad es algo demasiado complejo como para poder ofrecer recetas sencillas. Aun así deberíamos estar satisfechos porque la Sanidad española es de las mejores del mundo. El problema es si lograremos mantenerla o mejorarla con la vista puesta en las próximas décadas

1 comentario:

Andrés Nin Pérez dijo...

Pues me sorprende el dato de Orange. No se desprende eso de lo que pasó hace unas semanas en Madrid con el apagón informático del CPD de La Consejería de Sanidad.

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