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reflexiones sobre administración pública inteligente

viernes, 17 de mayo de 2013

¿Ahorro o servicio público?

Ayer el diario El País se hacía eco de que el ministerio de Fomento estaría estudiando un informe de su consultora Ineco sobre la rentabilidad de parte de la red ferroviaria española - en concreto media distancia y cercanías - con vistas a tomar una serie de medidas destinadas a aumentar la eficiencia y obtener ahorros.

En circunstancias normales, la noticia - como todas de este estilo - habría que tomarla con cautela. La lógica habitual en situación de normalidad aconseja que en la toma de decisiones públicas se utilice como base la racionalidad técnica (en este caso sustentada en la rentabilidad económica de las líneas de tren) para después sopesarla en un complejo proceso de deliberación y negociación política con los afectados; y concluir en soluciones equilibradas que evidentemente acaban lejos del punto de partida inicial. Esta es la esencia de lo que hasta estos años de crisis ha venido siendo - en parte-  el concepto de servicio público, servicios por definición deficitarios pero imprescindibles para mantener una sociedad cohesionada, justa e igualitaria.

La mala práctica política en los años de bonanza ha logrado confundir la razonable existencia de servicios públicos -deficitarios en lo económico  pero rentables en los social -con otra serie de decisiones , también irracionales pero en el peor sentido de la palabra, que llevaron a un despilfarro descontrolado de recursos disimulado de forma
buenista, populista o electoralista y nos está saliendo caro.

Tan caro que la factura de que en estas circunstancias excepcionales la lógica política se esté subordinando a la lógica técnica de la rentabilidad económica está cerrando a cal y canto la producción de intangibles como la cohesión, igualidad o justicia en aras del ahorro presupuestario. Se cierran puntos de urgencias, colegios, líneas de transporte, etc. que son "deficitarias" por el simple hecho de atender entornos rurales o de baja densidad de población , llevando a parte de la sociedad a un retroceso de décadas en términos de progreso, bienestar e igualdad de oportunidades del todo inaceptable.

Estaría bien que en toda esta locura de despilfarro primero y recortes indiscriminados después nuestros responsables políticos mantuvieran la sensatez y el sentido común necesarios para distinguir el grano de la paja, los servicios públicos que atienden necesidades ciudadanas de los proyectos faraónicos prescindibles, el despilfarro del ahorro necesario.¿Será mucho pedir?

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