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reflexiones sobre administración pública inteligente

lunes, 20 de septiembre de 2010

Gestión pública como discurso de valores


He finalizado recientemente el libro Escenarios de la gestión pública del siglo XXI que, coordinado por los profesores de ESADE Francisco Longo y Tamyko Ysa, repasa algunos de los retos y tendencias principales en el manejo de los asuntos públicos para las próximas décadas.

Me ha gustado especialmente el último capítulo La gestión pública como discurso de valores escrito por el profesor Longo. Un retrato interesante de lo que es la gestión pública desde el punto de vista de los valores y dilemas a los que se va a enfrentar en el futuro. Aunque lo podéis leer compleo (muy aconsejable), para aquéllos que no tengáis la ocasión os hago un breve resumen del mismo.

La Administración se ha venido configurando desde sus orígenes (y aún hoy) como una burocracia instalada en un ideal de valores. Bajo esta perspectiva se establece una superioridad moral de la Administración basada en el sometimiento de la ley, el cumplimiento de patrones de conducta moralmente elevados o la independencia de los burócratas profesionales frente a los políticos. Así se establecen dos grandes objetivos: el logro de la seguridad jurídica y un funcionamiento eficaz del gobierno y las instituciones, los cuales se logran mediante una organización maquinal de las mismas en las que los servidores públicos tienen como premisa ética la aplicación con pureza de lo previsto en el ordenamiento jurídico, con honradez, salvaguarda del interés general e igualdad en el trato de los administrados.

La crisis del discurso burocrático aparece cuando las transformaciones de los Estados se hacen incompatibles con el poder conquistado por los aparatos burocráticos. Dichas transformaciones se refieren a la importancia adquirida por el sector público, la globalización, la complejidad de las redes institucionales o la aparición de nuevos problemas sociales. El modelo burocrático se ve desbordado por nuevas tendencias como la orientación eficientista, el énfasis en la calidad de servicio o la necesaria "receptividad" de la Administración a las que difícilmente puede dar respuesta.

Así, frente a aquéllos que rechazan muchas de las nuevas de las formulaciones de la Nueva Gestión Pública por considerarlas una amenaza para la ética pública, el profesor Longo apuesta por conservar algunos fundamentos centrales de la Administración burocrática (seguridad jurídica, profesionalización, interdicción de la arbitrariedad) pero reequilibrándolos con nuevos, ajenos al discurso de integridad burocrática. La adopción de estos valores suponen asumir el tránsito de un modelo ético de referencia pensado en buena medida en garantizar los derechos de los ciudadanos frente al Estado, a otro cuyo propósito central es garantizar a los ciudadanos el derecho a un Estado capaz de repsonder a los retos colectivos de nuestros días (sic).

Algunos de estos nuevos valores:
  • Racionalidad económica: maximizar el valor público, conciencia de los costes de la acción pública.

  • Responsabilidad por los resultados: el juego limpio debe ir más allá del cumplimiento de los procedimientos.

  • Voluntad de colaboración con otros actores: un imperativo ético.

  • Protección del patrimonio público: indispensable preservar el interés general en las decisiones que comprometen recursos públicos.

  • Permeabilidad al ejercicio activo de la ciudadanía: aceptación y estímulo a la participación; transparencia; orientación a la satisfacción del usuario

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