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reflexiones sobre administración pública inteligente

lunes, 21 de julio de 2014

Start-ups públicas, microinnovación y crisis

La crisis viene tensando desde hace tiempo los servicios públicos. La manida expresión de hacer más con menos es la realidad cotidiana a la que se tienen que enfrentar numerosos responsables y personal base en primera línea de "negocio". Vacantes que no se reponen, sistemas que no se mejoran, material que no llega, infraestructuras que no se mantienen, etc. obligan a buscar nuevas fórmulas para atender a ciudadanos que están ahí, demandando calidad y buena atención.

La mejor forma de comprobar cómo se innova en el sector público es pasándose por una oficina del INSS, una unidad de atención sanitaria, una ventanilla de Tráfico o cualquier dependencia municipal. Aunque a muchos les parezca que lo que encontraremos serán funcionarios tomando café o charlando mientras la cola crece en la ventanilla, lo más probable es que lo que realmente haya es empleados públicos que sin darse cuenta son auténticos profesionales de la innovación.

La crisis y la escasez obligan a agudizar el ingenio, a poner en marcha ideas y prototipos. Muchas dependencias públicas son una especie de start-ups internas que ponen en marcha microinnovaciones a modo de pequeñas soluciones a problemas cotidianos cuya implantación es sencilla y los beneficios inmediatos. Empiezan a proliferar fórmulas de cocreación y colaboración, con usuarios y entre compañeros, ligadas a acciones y decisiones del día a día. La innovación micro en modo bottom-up y a pie de línea es la que mejor funciona en el sector público.


El problema viene cuando se intenta innovar con mayúsculas, en forma de grandes proyectos con generosos presupuestos y plazos de ejecución, o cuando de conceptualizar o sistematizar la innovación se trata. Ahí el éxito es incierto:  modelos transversales de innovación, ideados en modo top-down chocan  con la endogamia corporativa, el miedo a compartir, o el eso ya lo sabía yo.

El consejo pues a cualquier organización pública que pretenda convertirse en innovadora sería: promueve una microinnovación descentralizada otorgando autonomía y poniendo en marcha un sistema de incentivos incentivos y evita burocratizar y encorsetar la innovación en estructuras centralizadas creadas ad-hoc. 

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