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reflexiones sobre administración pública inteligente

jueves, 19 de mayo de 2011

Democracia 2.0: cuando los ciudadanos sí que cuentan



Resulta sorprendente que haya multitud de personas que se asombren por los sucesos que están ocurriendo en la Puerta del Sol de Madrid y otras ciudades alrededor del movimiento #15M, #globalcamp #acampadagranada #notenemosmiedo o como lo queramos llamar; entre otros "sorprendidos" los medios de comunicación tradicionales.



Esta súbita salida de la ceguera no esconde más que una ignorancia profunda de dinámicas sociales que desde este blog y otros muchos de la blogosfera pública llevamos años comentando. Sin entrar en valoraciones políticas ni de otro tipo sobre las reivindicaciones de toda esta gente de lo que estamos hablando es de un nuevo ejercicio de ciudadanía que viene con fuerza desde hace algunos años, pero que esta vez ha sido capaz de salirse del ámbito de internet (redes sociales) para llamar la atención de la opinión pública general. Para ello ha sido necesario recurrir a acciones de movilización más que tradicionales, como la ocupación física del espacio público: una combinación de lo analógico con lo digital que ha tenido éxito.



En septiembre de 2010 publicaron en PUBLIC, la revista del Instituto de Gobernanza y Dirección Pública de ESADE, mi artículo titulado Democracia 2.0: Cuando los ciudadanos sí que cuentan. Realmente fue escrito unos meses antes. Si lo leéis podréis comprobar que muchos hace tiempo ya veíamos venir que este tipo de fenómenos.




DEMOCRACIA 2.0: CUANDO LOS CIUDADANOS SÍ QUE CUENTAN
Oscar Cortés Abad, vicepresidente del Club Dirección Pública ESADE Alumni y editor del blog i-public@

Cada día podemos comprobar cómo la web social o web 2.0 se extiende a gran velocidad. Esta realidad innegable tiene un efecto directo en la configuración de un espacio social emergente, una nueva cibersociedad o sociedad 2.0. Su característica principal viene definida por el nuevo rol de sus miembros, que pasan a ocupar el centro de gravedad y se convierten en sujetos activos, ávidos de que se les escuche, de poder participar o colaborar, y con una fuerte demanda de claridad y transparencia. Estos ciudadanos 2.0 son en su mayoría nativos digitales, hoy adolescentes que interactúan más a través de internet que por televisión, y empiezan a ser ya la punta de lanza de una sociedad que rompe con los patrones tradicionales. Esta sociedad de la conversación, basada en los valores y herramientas comentados con anterioridad, se articula en redes informales dotadas de una capacidad de crecimiento viral, y un dinamismo e intensidad desconocidos hasta la fecha.

Resulta inevitable pensar que podemos estar ante un importante elemento transformador en cuanto al concepto de ciudadanía, el ejercicio de la misma y, consecuentemente, en la forma de hacer política. Con un punto rupturista, trasgresor y contracultural. Veamos por qué.

Aunque la retórica habitual indique lo contrario, nuestro sistema democrático otorga un papel muy limitado a la ciudadanía. Su carácter de democracia representativa está basada en la participación ciudadana a través de procesos electorales a los que concurren partidos políticos en listas cerradas. Una vez elegidos sus representantes, las posibilidades de los ciudadanos para involucrarse en la cosa pública quedan limitadas a la influencia que éstos pueden ejercer en dichos representantes, normalmente a través de asociaciones, sindicatos, o grupos de interés, que defienden intereses concretos y suelen verse lejanos por el individuo de a pie. Como consecuencia el alejamiento de la política y la ciudadanía resulta cada vez más evidente.

El factor más determinante y novedoso de la democracia 2.0 es sin duda el nuevo conjunto de valores y herramientas que otorgan al ciudadano un verdadero papel como elemento central de la vida pública. La primera consecuencia es el nacimiento de un nuevo ciberactivismo (grass root activism) basado en la conversación y el efecto multiplicador de la misma que proporciona la web 2.0. A ello van unidas nuevas vías de formación de la opinión pública soportadas por redes sociales cuya influencia sobre los decisores políticos (posiciones, reputación, etc.) tiende a ser creciente. Por último, la disponibilidad de información revierte en mayores posibilidades de escrutar la acción política y nuevas exigencias en la rendición de cuentas.

Ante este nuevo escenario, los políticos y sus partidos están empezando a dar respuesta, aunque tímidamente. La experiencia de Obama en Estados Unidos ha demostrado las enormes posibilidades de la web social para ganar elecciones y es por esta senda por la que nuestros políticos empiezan a caminar. Es un primer paso, por supuesto legítimo y bienvenido, pero claramente insuficiente. El verdadero reto es que la política pueda incorporarse a esta revolución social superando el escenario electoral e impregnando su actividad cotidiana de valores dospuntoceristas a través de la escucha proactiva a la cibersociedad en su ecosistema, la interacción de igual a igual con los ciudadanos a través de canales directos o la apertura de sus propuestas a la participación de todos.

El reto es complicado: nuestros políticos no están preparados y a la estructura partidista le costará digerir la nueva realidad. Pero será inevitable; el tsunami 2.0 acaba de llegar y sus efectos en la democracia y la política pronto se empezarán a notar.

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