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lunes, 15 de julio de 2013

Informe CORA: la reforma pendiente

En la edición que ha salido hoy de El Consultor de los Ayuntmientos y de los Juzgados (editorial LA LEY) me han publicado el artículo que transcribo a continuación. A falta de conocer las tripas del proyecto (que no sabemos si algún día verán la luz) se trata de un análisis más sosegado de la Reforma de la Administración que recientemente ha puesto en marcha el Gobierno.

Informe CORA: la reforma pendiente

El Consultor de los Ayuntamientos y de los Juzgados, Julio 2013, Editorial LA LEY  4627/2013


La reforma, ¿qué reforma?

Al menos durante tres décadas venimos escuchando de forma reiterada que es necesario reformar la Administración. Desde finales de los años setenta se habla de crisis del Estado del Bienestar y de la burocracia como modelo de funcionamiento de las organizaciones públicas. Emergen entonces con fuerza por todo el mundo políticas públicas de reforma sobre la base de nuevos paradigmas como el de la Nueva Gestión Pública (NPM), que adquiere protagonismo en países anglosajones como Reino Unido, Nueva Zelanda, Australia o Canadá.


No así en España donde, más allá de primaveras reformistas como el periodo de Jordi Sevilla como ministro de Administraciones públicas (2004-2007), los sucesivos gobiernos se han mostrado reacios a una reforma de la Administración Pública en profundidad.

Las causas podemos encontrarlas en la misma definición que del verbo reformar nos ofrece el mismísimo Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Según éste reformar implica volver a formar o rehacer, lo que traducido un lenguaje más académico equivaldría a un proceso de innovación disruptivo y sistémico en contraposición a conceptos como “mejorar” que se basan en cambios incrementales más sostenidos en el tiempo.

En el caso concreto de la Administración pública, reformar implicaría poner en marcha una revolución cultural, una refundación de los pilares sobre los que se construye el edificio administrativo. Pasar del modelo burocrático del siglo XIX a un modelo post-burocrático del siglo XXI.

Por ello la reforma de la Administración se ha venido considerando por quienes han ostentado responsabilidades como un proceso nada fácil con incertidumbre en el resultado —el éxito es remoto, en tiempo y posibi­lidades-, y débiles incentivos que no compensan un rendimiento electoral bajo -cuando no nulo.


El resto del artículo lo podéis leer en este link

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