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reflexiones sobre administración pública inteligente

martes, 29 de abril de 2008

Las transformaciones de las mobile telecoms sobre lo público


Las nuevas tecnologías están revolucionando la sociedad. Pocos discuten que banda ancha, conexiones inalámbricas, dispositivos móviles, redes sociales virtuales, blogs, etc. son un elemento transformador potentísimo que está actuando en diversos ámbitos de la vida.

Hace un par de números, el semanario The Economist sacó un suplemento especial sobre las "mobile telecoms"; os invito a que lo leáis porque francamente es muy completo: su hilo conductor es cómo las comunicaciones inalámbricas están cambiando la forma en que la gente trabaja, vive, se relaciona, etc. Se abordan desde las transformaciones en el trabajo, a aquellas sobre los edificios, ciudades, tráficos, vínculos de familia .... En definitiva la vuelta a un estilo de vida nómada.

Desde un punto de vista profesional el artículo sobre el impacto en el mundo laboral es de sumo interés. Muchos de los ejemplos que lo ilustran se refieren a Estados Unidos (donde van muy por delante en temas TIC y sin duda marcan tendencia). El cambio que supone desvincular el trabajo de un espacio físico permanente ocasiona múltiples transformaciones que afectan a la distribución de tiempos y agendas de trabajo (el no tener que ir a una oficina a una hora determinada marca la organización de las tareas de toda la jornada), posibilidad de trabajar en cualquier sitio, sea un café, un parque, una librería, etc. (consecuencia: redefinición de los espacios de oficina, tipo de mobiliario, eliminación de papel y otros consumibles, reducción de viajes de trabajo), la difusión de las estructuras de poder o la modificación en los elementos formales (reuniones, entrevistas, visitas, etc.)

Pero esta flexibilidad y mayor autonomía también ocasiona inconvenientes, si no se sabe gestionar adecuadamente, como es la tiranía de estar conectado 24 horas y en cualquier lugar, al difuminarse la línea de separación tiempo de trabajo/tiempo personal. No sólo en lo que dependa de cada uno (que sea capaz o no de desconectarse en el momento adecuado), sino en las exigencias de los demás a estar conectado cuando lo reclaman. Sin duda esto es un problema que tiene un coste elevado que se debe considerar.

Hablando del ámbito público estos temas pueden sonar todavía un poco a ciencia-ficción. No porque existan o no redes inalámbricas en las sedes oficiales (que existen) o porque se usen o no blackberrys por parte de los empleados públicos (que se usan); sino por el importante proceso de transformación que estas tecnologías pueden impulsar tanto en la cultura interna como en la relación con los ciudadanos. Más lejos la primera que la segunda. Ejemplos de futuro como el que nos cuenta Roc Fages no resultan tan extraños, pero ¿alguien se imagina la eliminación del fichaje de entrada/salida o del control del absentismo, el abandono de los imponentes edificios públicos hacia oficinas más versátiles, la supresión de los numerosos despachos (los grandes y los pequeños), la recolocación de las dos o tres secretarias de cada cargo, el paso a la historia de las larguísimas y numerosísimas comisiones/grupos de trabajo/reuniones, sus actas y papeles varios, etc? Difícil, difícil de creérselo.

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