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reflexiones sobre administración pública inteligente

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Los frenos a la innovación en el ámbito público


Copio literalmente un post corto pero con sustancia de Xavier Marcet titulado "Crecer más que envejecer": Algunas organizaciones tienen gente que han dejado de crecer juntos y parece que sólo desean envejecer juntos, y eso que quizás fantástico en el ámbito personal, íntimo, no es bueno en términos de organización. Pienso en algunas universidades, empresas o cadenas de televisión que conozco, ha gente que ya se lo sabe todo tanto, que ya tienen tan en la cabeza las limitaciones propias y ajenas que pierden la fuerza de innovar, que generan antes los anticuerpos a la innovación que la ilusión para la innovación. En estos lugares, cualquier cosa es una montaña y el ritmo de las decisiones es lento, los clientes son cada vez más los clientes internos, da pereza volver a empezar, se pierde el sentido del esfuerzo, se aburren, no hay alegría. Hay una patología grave en una empresa cuando todo se vuelve conservador, previsible, cuando el entusiasmo no se cuela entre los orden del día de las reuniones. Tenemos que tomar medidas para continuar creciendo, no importa la edad de cada uno ni de la organización, pero el día que dejamos de tener un sueño personal y colectivo, ponemos la primera piedra para cerrar la empresa.


Cuando lo he leido he pensado inmediatamente en nuestras organizaciones públicas, donde efectivamente se produce este fenómeno con mucha intensidad. Pero, ¿por qué ocurre? Intentemos aportar algunas pistas.


Lo primero que le viene a muchos a la cabeza es que un motivo importante es el carácter vitalicio del empleo público, que hace que la gente se acomode al aprobar una oposición y ya "pase de todo", como diríamos vulgarmente. Mi opinión es que este argumento es facilón y demasiado simplista; ciertamente, hay gente que accede a la función pública buscando comodidad y "envejecer" tranquilos. Pero otros muchos acceden con muchas ilusiones de hacer cosas, de progresar, etc. y son los años los que les acaban por "quemar" y cortar de raíz esas aspiraciones. También hay otros muchos (prueba de ello es la blogosfera pública) que son auténticos innovadores y gente con mucho valor, que lo mantienen a lo largo de su carrera. No valoremos tan mal al ser humano; me gusta pensar que el efecto del empleo vitalicio puede ser el inverso: si la gente no se ve amenazada y está tranquila puede trabajar más agusto, innovar con más atrevimiento y decir lo que piensa.


El segundo argumento puede ser que en lo público no suelen plantearse objetivos, no suele medirse el desempeño y no se trabaja en base a resultados. Con esto estoy más de acuerdo, aunque seamos conscientes de dos elementos: que esta tendencia ya se ha empezado a romper y poco a poco se está trabajando en esta dirección; y que, por mucho que queramos, los tiempos en lo público son mucho más lentos que en lo privado porque su naturaleza es distinta y hablamos de resultados de políticas públicas únicamente obtenibles y analizables a largo plazo, lo cual no quiere decir que haya otros temas (como la e-administración) que requieran plazos cortos y respuestas ágiles.


El tercer argumento yo lo sitúo más en la cultura corporativa y en los mecanismos internos de la propia Administración pública (unas más que otras) que acaba por moldear y tumbar las ilusiones de cantidad de personas. Cuando hagas lo que hagas te van a reconocer lo mismo, cuando la promoción depende más del "clan" al que te unas que de tus méritos, cuando los favoritismos (y la política) están tan presentes o cuando chocas frente a ciertos "intereses creados" cuya propósito es única y exclusivamente no cambiar nada para mantener sus propios "privilegios de clase" es harto complicado no tirar la toalla.


Habrá más ................. Pero para soñar con cambiar las cosas ya estamos los quijotes de la blogosfera pública.

3 comentarios:

Rutilio Alonso dijo...

Mejor concentrado imposible :-)

Iñaki dijo...

Me ha gustado la reflexión de Xavier Marcet y también las tuyas. Hay que seguir volcando en la red toda la ilusión que seamos capaces, aportando nuestro granito de arena a facilitar las condiciones para que algún día sea posible una Administración más gratificante para sus empleados, y podamos crecer juntos hasta la jubilación y más allá.

Félix Serrano dijo...

Te diré que, por experiencias propias y ajenas, hay dos motivos principales de desmotivación en las AAPP: la futilidad y el ostracismo.

- La futilidad es aquel por el que los esfuerzos de una o varias personas son sistemáticamente desechados, y además siempre por motivos menores y no relacionados con la calidad y la utilidad del trabajo realizado. Muchas veces son simples cambios organizativos, otras veces son cambios caprichosos en el criterio del directivo de turno, otras veces son intereses creados o fuerzas ocultas, que al fin y a la postre derriban muchas y buenas ideas.

- El ostracismo, que es el aparcamiento del incómodo. Es bastante fácil crear agujeros para gente que tiene por costumbre criticar o poner en duda las decisiones de los rangos superiores. Es como en la mili: el que manda manda, y si no tiene razón, manda.

El innovador, por regla general, es visto como una amenaza por los que dententan el poder (no sin razón) pero lo penoso es los múltiples mecanismos de los que disponen éstos para bloquear estas amenazas y mantener el staus quo.

Para mi por lo tanto es un problema cultural, y es el más dificil de resolver, pues con respecto a los dos primeros (perpetuidad y objetivos) las medidas son simples, pero respecto al último no.

Cambiar la cultura globalmente de unas organizaciones tan inmensas es muy dificil. Sólo se me ocurren algunas escapatorias:

- Acudir a la Blogosfera con la esperanza de encontrar algún tipo de consuelo: alguien que comparte tus problemas.

- Largarse (y muchos lo hacen).

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