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reflexiones sobre administración pública inteligente

lunes, 29 de noviembre de 2010

Crisis y sector público: las reformas pendientes



En el marco del Club Dirección Pública de ESADE en Madrid pusimos en marcha el curso pasado el ciclo Crisis y Sector público con la mesa redonda El papel del Estado en la economía: ¿un cambioi de rumbo?. Nos preguntábamos entonces si tras la revolución liberal de los años 90 y primera década del nuevo siglo, la crisis financiera planteaba una vuelta al keynesianismo y a un mayor papel de lo público en la economía.

Pasado un año, el pasado lunes retomábamos el ciclo con un panorama completamente diferente. A una buena idea de algunos miembros del Club le añadimos la salsa de un muy recomendable artículo de Francisco Longo titulado La burbuja de servicios públicos y pusimos en la mesa conocidas personalidades de lo público, la economía y el periodismo económico como Elvira Rodríguez, Antonio Miguel Carmona y Miguel Angel Noceda. Todo ello con un título sugerente: "Y ahora... ¿qué sector público y cómo financiarlo?".


El profesor Longo desató las hostilidades con una breve pero jugosa intervención en la que añadió una nueva derivada a la crisis actual: la crisis en la relación estado-sociedad y la necesidad de realizar un esfuerzo para preservar los rasgos básicos de nuestro modelo. Para ello sería necesario - en su opinión- una redefinición del esquema redistributivo, del catálogo de servicios públicos y de la universalidad de los mismos. En definitiva una reforma de los patrones de gobierno y Administración pública que si antes era considerada difícil hoy se torna indispensable.


Todos estuvieron de acuerdo que el quid de la cuestión estaba en determinar cuál debía ser el tamaño ideal, qué parte la es prestada con medios propios públicos, cuál la estructura orgánica y finalmente cuáles los esquemas de financiación. Teniendo en cuenta que gran parte del gasto público lo gestionan las CCAA y que un 65% del gasto corresponde a estado de bienestar y un 14% a infraestraestructuras. En este sentido para Elvira Rodríguez el esfuerzo se ha de hacer por el lado de los gastos: estructura competencial del sector público; separar lo cíclico de lo estructural; medidas a corto, medio y largo plazo; y poner en marcha políticas de gasto productivo (eliminar subvenciones). Si no decidimos dónde ponemos la raya, otros lo van a hacer por nosotros. Para Antonio Miguel Carmona el Estado tiene un importante papel en la economía y un decisivo factor redistributivo. Aporta equilibrio por cuanto supone una mejora sobre lo que no puede proveer el sector privado. Lo importante no es tanto cuestionar el déficit y recortar sino analizar su naturaleza, estacionalidad y decidir sobre los costes de oportunidad de financiar la actividad pública con deuda o con impuestos. En ese sentido cualquier acción sobre el gasto público no debiera ser reducir por que sí sino reducir partidas que me permitan hacer ciertas cosas como estimular la inversión productiva y el empleo.

Miguel Angel Noceda azuzó el debate poniendo sobre la mesa un asunto controvertido: ¿menos sector público a través de privatizaciones ¿sí o no? Para Elvira Rodríguez la cuestión clave es definir qué se quiere decir con "privatizaciones": si se trata de provisión privada de servicios públicos (ensañanza convertada), de colaboración público-privada para lograr mayor eficacia y eficiencia, SÍ. En este caso-en su opinión-no debería existir sesgo ideológico. Además se mostró escandalizada con que se haya incrementado la masa de gasto estructural con el respaldo ingresos coyunturales (de la construcción). En opinión de Antonio Miguel Carmona lo importante es tener un Estado con capacidad (musculoso) suficiente y eficiente, no como el caso irlandés que se ha derrumbado con un Estado mínimo. Y también se preguntó qué tipo de privatizaciones, en el sentido que las hay sólo de fachada al poner en manos de grupos de interés parapúblicos o pseudoprivados (Cajas de Ahorro) lo que venían siendo grandes corporaciones públicas. Además, no siempre privatizar es un fácil: tiene que haber un buen comprador y las partes del servicio público deficitarias pocos las quieren.

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