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reflexiones sobre administración pública inteligente

lunes, 25 de abril de 2011

Cuentos de burocracia









En tiempos de la dictadura militar, a mediados de 1973, un preso político uruguayo, Juan José Noueched, sufrió una sanción de cinco días: cinco días sin visita ni recreo, cinco días sin nada, por violación del reglamento. Desde el punto de vista del capitán que le aplicó la sanción, el reglamento no dejaba lugar a dudas. Establecía claramente que los presos debían caminar en fila y con ambas manos a la espalda. Noueched había sido castigado por poner una sola mano en la espalda.

Nouched era manco.

Había caido preso en dos etapas. Primero había caido su brazo. Después, él. El brazo cayó en Montevideo, Noueched venía escapando a todo correr cuando el policía que lo perseguía alcanzó a pegarle un manotón, le gritó: "¡Dése preso!" y se quedó con el brazo en la mano. El resto de Noueched cayó un año y medio después, en Paysandú.

En la cárcel, Noueched quiso recuperar su brazo perdido:

- Haga una solicitud-le dijeron.

Él explicó que no tenía lápiz:

-Haga una solicitud de lápiz-le dijeron.

Entonces tuvo lápiz, pero no tenía papel:

-Haga una solicitud de papel-le dijeron.

Cuando por fin tuvo lápiz y papel, formuló su solicitud de brazo.

Al tiempo, le contestaron. Que no. No se podía: el brazo estaba en otro expediente. A él lo había procesado la justicia militar. Al brazo, la civil.





Sixto Martínez cumplió el servicio militar en un cuartel de Sevilla. En medio del patio de ese cuartel, había un banquito. Junto al banquito, un soldado había guardia. Nadie sabía por qué se hacía la guardia del banquito. La guardia se hacía porque se hacía, noche y día, todas las noches, todos los días, y de generación en generación los oficiales transmitían la orden y los soldados la obedecían. Nadie nunca preguntó. Si así se hacía, y siempre se había hecho, por algo sería.

Y así siguió siendo hasta que alguien, no sé qué general o coronel, quiso conocer la orden original. Hubo que revolver a fondo los archivos. Y después de mucho hurgar, se supo. Hacía treinta y un años, dos meses y cuatro días, un oficial había mandado montar guardia junto al banquito, que estaba recién pintado, para que a nadie se le ocurriera sentarse sobre la pintura fresca.

jueves, 14 de abril de 2011

Ciudades, servicios y sostenibilidad


Dentro del ciclo de cenas-coloquio el Club de Dirección Pública de ESADE Alumni en Madrid contó en esta ocasión como invitada con Ana Botella, Teniente Alcalde y Delegada de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid para debatir con los participantes sobre "Las ciudades y sus grandes retos de futuro: prestación de servicios, desarrollo económico y sostenibilidad ambiental".


La presentación corrió a cargo de Francisco Longo, director del Instituto de Gobernanza y Dirección Pública de ESADE y Oscar Cortés, vicepresidente del Club Dirección Pública ESADE Alumni en Madrid que resaltaron el vínculo ciudad - sostenibilidad, su importancia en los tiempos de crisis que corren y la necesidad de abordar planteamientos innovadores desde el ámbito de la gestión pública local.


En su intervención inicial Ana Botella se refirió al siglo XXI como el "siglo de las ciudades" ya que el 75% de la población vivirá en núcleos urbanos lo que supone un reto formidable por cuanto el mantenimiento del desarrollo económico y los servicios irá necesariamente ligado a la capacidad de dotarse de los recursos necesarios. Evaluar el impacto energético es imprescindible y plantea exigentes y decididas políticas de sostenibilidad transversal en ámbitos tan diversos como el urbanismo, la movilidad, la contratación pública, la edificación, etc. Es preciso por tanto, según Botella, que las ciudades persigan la eficiencia y la innovación tecnológica si su objetivo es lograr un modelo de desarrollo capaz de atraer oportunidades para el futuro.


Refiriéndose en concreto a Madrid citó algunos de los grandes objetivos del gobierno actual: crecimiento económico, ciudad abierta, comprometida con el medioambiente y con decreciente dependencia energética. Y habló de diferentes proyectos, algunos con poca resonancia pero con importantes retornos en ahorro energético y de emisiones: los mil millones invertidos en renovación de infraestructura de saneamiento y depuración de aguas o la plantación de un millón de árboles en ocho años, ; otros como la generación de energía a partir del tratamiento de residuos urbanos, la renovación de flota con vehículos verdes, las medidas de ahorro en las instaciones munipales, etc.


Posteriormente se inició un animado coloquio con los participantes que trató temas de diversa índole referidos a la gestión local de políticas medioambientales, las tendencias de futuro (vehículo y motocicleta eléctrica, acumuladores de energía, etc.), la sostenibilidad como elemento del discurso político (difícil porque "hoy la crisis lo invade todo"), la importancia de conciencia social (a través de la educación porque la sostenibilidad es cosa de todos) , la necesidad de abordar en determinados momentos grandes proyectos de infraestructuras (porque el urbanismo integra, permite descubrir nuevas perspectivas de la ciudad y además ayuda a las empresas), lo importante que es tener un proyecto de ciudad y tiempo suficiente en el gobierno para llevarlo acabo y la necesidad de una sociedad civil fuerte que participe y desarrolle un fuerte sentido de pertenencia porque "todos tienen que hacer ciudad".

martes, 12 de abril de 2011

Eficiencia y la cuadratura del círculo


Corren tiempos electorales y son pocos los políticos que se atreven a entrar en detalle en el debate sobre la sostenibilidad de ciertos servicios públicos. Una mala práctica, sin duda, eso de callar antes de las elecciones para luego tomar medidas impopulares una vez recibido el mandato de los ciudadanos. Por ejemplo, en Cataluña el nuevo gobierno está poniendo sobre la mesa recortes incómodos en dos pilares básicos del estado del bienestar: sanidad y educación. ¿Ocurrirá lo mismo después de estas elecciones de mayo y de las generales del año que viene? Seguramente sí.


Lo cierto es que esta crisis está trayendo a primera fila el debate sobre la sostenibilidad de los servicios públicos o, lo que es lo mismo, en qué condiciones es posible, no ya mejorar sino mantener la oferta con una demanda siempre creciente y unos recursos presupuestarios menguados que además - siendo optimistas- previsiblemente tardarán años en volver a recuperar los niveles de antaño.


Es el espinoso asunto de la eficiencia - hacer más con menos - que tan complicado resulta abordar desde una perspectiva de gestión pública históricamente anclada en patrones básicos de eficacia y la garantía jurídica.


Incorporar la dimensión eficiencista con ciertos criterios de racionalidad económica no sólo es preciso sino que es de sentido común, desde el momento que los recursos son limitados y hemos llegado a tal punto de desconfianza en la administración de los asuntos públicos que los ciudadanos difícilmente digieren subidas de impuestos (a pesar de ser España uno de los países de menor presión fiscal de la UE).


Pero cuidado con las tendencias pendulares: es preocupante que la eficiencia acabe acaparando tal exceso de protagonismo que se olvide que la gestión pública está por y para los ciudadanos, para atender sus necesidades.


Un foco excesivo en los medios, olvidando los fines, puede traer terribles consecuencias a largo plazo en la cohesión y el equilibrio social. Deberían tenerlo en cuenta nuestros políticos, cuando plantean las medidas y estrategias a seguir olvidando que los atajos y soluciones coyunturales de hoy no tienen por qué producir el mejor resultado en el mañana. Muchos de los planteamientos que estamos viendo los últimos tiempos vienen impregnados de ese barniz, pero ¡ojo! el difícil círculo característico de la gestión pública (eficacia, garantía y eficiencia) tiene que cuadrar.