Directivos públicos y la trampa del profesionalismo
Cuando se habla de directivos públicos surgen numerosas voces autorizadas reclamando el profesionalismo como uno de sus atributos fundamentales. Desde este mismo blog hemos defendido la tesis de que es necesario un perfil de directivo con acreditadas competencias para el desempeño de su labor, competencias que dependerán del puesto pero que, con carácter general, irán más enfocadas hacia la posesión de determinadas capacidades y habilidades (entre otras, conocimiento del "suelo que se pisa" cuando se está en un puesto público) que en una hiper-acreditada competencia técnica.
En este sentido, desde luego que es imprescindible la existencia de un ámbito específico para el desarrollo de una dirección pública profesional, el cual ha de ser definido con claridad y transparencia principalmente en todo aquello relativo a atributos y forma de acceso. Por otra parte, la profesionalización supone un excelente antídoto contra la llegada de esos directivos paracaidistas colocados en las Administraciones cuando la lógica de partido se antepone a las necesidades de servicio público.
El problema surge cuando no todo el mundo entiende lo mismo por profesional al referirse a la función directiva en lo público. O, lo que es lo mismo, cuando desde determinadas instancias se utiliza esa necesidad de profesionalización como argumento para defender otros intereses como el blindaje de ciertos privilegios corporativistas, anacrónicos y difícilmente compatibles con la Administración pública del siglo XXI.
La dirección pública no puede ni debe ser un último escalón del escalafón administrativo, a modo de premio por trienios y servicios prestados; ni un coto cerrado a ciertos grupos que pretendan instrumentalizarlo como herramienta de poder. Poner en marcha una función directiva profesional en las Administraciones públicas supone innovar.
E innovar es romper y transgredir. Justo lo contrario de esas intenciones de perpetuar por ley intereses particulares que desde ciertos sectores se promueven.
Fotografía: Blog de viajes Pasaporteblog.com



